
Como casi todos sabéis, antes de desembarcar en la publicidad, intenté ser estrella del pop. La mía fue una brevísima carrera, que empezó allá por 1986, mientras estudiaba Derecho en la universidad. Desde principios de los 80, influido por los grupos de lo que luego llamarían Movida, yo me dedicaba a componer canciones en mi casa, con un pequeño órgano electrónico con caja de ritmos, y mis amigos me convencieron para que enviara una maqueta a la radio. Lo hice y conseguí un contrato discográfico. Así nació “Un pingüino en mi ascensor”. Desde el año 87 al 91, me dediqué a publicar discos y recorrer España. Hasta que un buen día, el éxito se me acabó y en 1992, decidí reciclarme en el mundo de la publicidad. Conseguí un training como ejecutivo de cuentas en Contrapunto y abandoné la música. Bueno, en realidad, nunca la abandoné del todo, seguí sacando discos, seguí actuando, pero nadie venía a verme. Hasta que llegó el nuevo siglo, y de repente, los pequeños locales en los que tocaba volvieron a llenarse. Aún hoy sigue asombrándome que lo hagan.
Durante estos últimos diez o doce años, como tantos otros, he descubierto las enormes posibilidades de Internet como vía de promoción de mis actividades musicales. Al principio, a través de una modesta página web y una lista de correo y más tarde, con las redes sociales y un blog. Gracias a Internet, descubrí, por ejemplo, que tenía un pequeño núcleo de fans en Mexico y convencí a la SGAE para que me llevara a actuar al DF.
Actualmente, con la inestimable ayuda de mi amigo y compañero de banda, Mario Gil, Un pingüino en mi ascensor participa bastante activamente en las redes, fundamentalmente Facebook y Twitter.
Pues bien, hace un par de semanas, vi publicada esta noticia en elmundo.es: Faunia y el Ayuntamiento de Madrid iban a colocar por toda la capital unos pingüinos gigantes como parte de una campaña solidaria por la infancia y la discapacidad. Nada más verlo, se me ocurrió una pequeña maldad. Hice una captura de pantalla de la noticia, cambié, bastante burdamente, el texto en Photoshop por otro que decía que el ayuntamiento había puesto los pingüinos para celebrar el 25 aniversario del primer disco de Un pingüino en mi ascensor, y colgué la foto en nuestra página de Facebook. Media hora después de postear la foto, cuando empezaron a llegar felicitaciones, tuve que aclarar que era broma, y aproveché para pedir discretamente a los fans que la compartieran, a ver si se la colábamos a algún medio.

La noticia original

La noticia manipulada
Tres días más tarde, Mario y yo bajamos a la puerta de Alcalá a fotografiarnos con uno de los recién instalados pingüinos y colgamos también la foto en Facebook. 24 horas después, recibíamos un mensaje del Director de marketing de Faunia ofreciéndonos apadrinar uno de los pingüinos.
Lo cierto es que cuando colgamos la noticia manipulada, ni se nos pasó por la cabeza que acabarían llamándonos para participar en este sarao, pero tendréis que reconocerme que, a cambio de dos simples posts, es una recompensa digna de EFI.
Aunque algunos, como es el caso de los responsables de General Motors, empiezan a ponerlas en duda, está claro que las redes sociales pueden ser una herramienta utilísima en casi cualquier plan de marketing o/y comunicación. Seguramente, conseguir que te llamen para apadrinar un pingüino es más fácil que vender un Ford, pero aún así, no dejo de preguntarme si el problema de General Motors no habrá sido tanto el propio Facebook como la manera de utilizarlo.
Todos los días aparecen nuevos gurús de las Redes Sociales –y no niego que para utilizarlas con solvencia es imprescindible saber mucho de ellas, conocerlas a fondo, tanto en su funcionamiento externo como en sus entresijos técnicos. Pero, en mi humilde opinión, como en cualquier otra plataforma de comunicación, la clave para sacar partido a estos nuevos juguetes de interconexión planetaria -y esto lo he podido constatar una vez más la semana pasada, cuando asistí a alguna de las charlas ofrecidas en las jornadas 2012 de la Red Innova- es tener intuición y buenas ideas, hacer las cosas de forma diferente a como las hace el resto. Si no, ya puedes ser Mark Zuckerberg, que no vas a comerte una rosca.
Al final, como siempre, la historia se repite. He empezado hablando de los grupos de la Movida. Aquellas bandas que se formaron en nuestro país a finales de los 70 y principios de los 80 – Alaska y los Pegamoides, Radio Futura, Nacha Pop, Siniestro Total, Gabinete Caligari, Los Nikis, Aviador Dro, Mecano, etc – nacieron precisamente como alternativa al rock progresivo de los 70, un estilo musical cuya máxima virtud era la enorme habilidad técnica de sus intérpretes y su peor defecto, su tremenda falta de ideas nuevas. Por el contrario, los grupos de la Movida, no sabían tocar, salvo contadas excepciones, eran técnicamente nefastos. Pero llegaron cargados de ideas rompedoras, en sus melodías, en sus letras, en su forma de sonar, de vestir y de comportarse. Y por eso triunfaron. Tomemos ejemplo de ellos: apostemos por las ideas.

Nuestro pingüino
En cuanto a lo del pingüino apadrinado, lo colocaron ayer. En el Paseo de la Castellana, 2, frente al Hard Rock Café. Sus diseñadores son un niño de cinco años y su madre, que han ganado un concurso que organizó Faunia a través de la web www.penguinmadrid.es. Cada pingüino defiende una causa solidaria. El nuestro recoge fondos para Juegaterapia, una organización que se dedica a recoger videoconsolas llevárselas a niños ingresados en las plantas de oncología de cualquier hospital para hacer un poco menos duras sus vidas allí. Si queréis colaborar con ellos, no tenéis más que enviar un sms con la palabra juegaterapia al 2011 y les enviarán el importe íntegro del mismo: 1.20€. Esa también es una buena idea.
José Luis Moro es director creativo general de Remo.